Día 9296 – Travesía a la Montaña

Nuestra travesía a la montaña empezó tal cual lo planeamos; llevamos las suficientes herramientas, incluso compré un par de zapatos para la ocasión. Quién podría imaginarse que estos asesinos esperaban llevarme a mi primer viaje de ocho horas de caminata; claro que nunca hubiera imaginado que este podría ser el plan para el cual muy contento me anoté.

La caminata empezó sin problema hasta que entre ellos se distinguían los mejores accesorios electrónicos; quién pudo imaginar que los señores eran campeones internacionales o algún título inventado. Dando gracias a Dios lleve suficientes provisiones para sobrevivir todo el dolor que estaba a punto de experimentar; mala suerte la mía esa de no saber decir no.

Pocos pasos después los pies sin experiencia empezaron a moverse en el interior de la bota; estrenar botas tampoco es algo que recomiendo para una larga travesía. Solo podría explicarlo con decir que sentí como la piel de mis pies se fue desprendiendo antes de formar aquellos globos de algún líquido transparente y luego se rompió para dar paso al contacto entre mi herida y un calcetín empujado por la bota en cada paso de mis dos pies.

Sin duda alguna podía seguir y lo hice; fui capaz de soportar el dolor hasta llegar a la cumbre y me dispuse a descansar. Cuando noté que la meta nunca fue la cumbre o comer en la montaña. Si tan solo el campamento en la cumbre, donde el frío era casi insoportable, hubiese durado más de cinco minutos.

El regreso colina abajo fue otro calvario; resulta que las botas te lastiman en distinto lugar cuando bajas. Imaginaba a mis pies cubiertos por sangre cuando el dolor casi desapareció; ahora era más como un no sentir tus pies en el interior de la bota. No existía opción ni fuerza para realizar algo diferente a llegar al carro. Mi cuerpo a punto de desplomarse del cansancio continuó su viaje tropezando entre rocas en dirección a su única meta.

Una vez en carro saqué mis pies de las botas para ver que mis ideas eran algo exageradas; sin dejar de pensar en la forma de saldar cuentas de este infortunio. Ya que estábamos en mi carro y el man tiene tal conexión que es capaz de sacar fuerza de lo imposible; empecé a manejar como solo un lunático sería capaz con la única diferencia que este terreno poseía las cualidades de una corriente que viaja río abajo por la montaña.

Así que empezaron a golpear sus cuerpos entre ellos sin tiempo para pedir auxilio, debido al escaso aire en sus pulmones; el descenso fue increíble al punto de perder cualquier contacto con la realidad del dolor intolerable de mis pies. Las curvas húmedas ayudaban al danzar del lomo del vehículo gracias a un rápido juego de manos; como si por un instante el vehículo y yo éramos uno tratando de esquivar los conflictos de la vida.

Cuando finalmente el sitio perfecto apareció entre flores; estacione el vehículo para tomar aliento; luego de un rápido forcejeo los cuerpos adormecidos era fáciles bolsas para arrastrar. Dejé sus cuerpos en una cantera y continué el viaje a casa.

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *