Día 10963 – Mutuo Acuerdo

No son ni las nueve pero esto debía ser contado con la mayor prisa. Mis dudas eran ciertas sobre aquel joven quien muy honorablemente sugirió se realice un negocio en mutuo acuerdo. Ya que el capital entrante era mayor al porcentaje de acciones totales de la empresa decidí dejarlos llegar lejos.

Pues hoy era el tan necesario día de firma de los documentos; sabía que me encaminaba a una trampa cuando un robusto hombre de apariencia repulsiva entró en representación de los “socios” ya que él era el principal accionista. Sus roedores murmuraban detrás de él, mientras los documentos eran presentados a un notario, quien aparentaba tener una relación íntima.

No intenté disimular mi total agrado y emoción al firmar el documento ya que para mi significaba mucho más que esto; antes de terminar nuestra corta reunión los documentos se encontraban en mi poder. No fui capaz de dejarlos continuar y por primera vez en nuestra interacción me negué.

Tomé mi motocicleta y con mucha precaución lo seguí; por supuesto que tenía que terminar la vida de ese grotesco ser en mi camino. El vehículo era incluso más grande que su ambición lo cual hablaba mucho del hombre, pero a su vez lo hacía más fácil de seguir incluso a la velocidad que este desquiciado conducía. Cuando llegamos a su casa todo cambió de panorama; según parece mi idea de sacar al vehículo del camino con la moto era buena.

Empezamos trepando un árbol cualquiera en búsqueda de una entrada; claro que la luz de la noche no era la mejor de las compañeras en esta inusual cacería. Una vez a la altura de la cerca noté que está cubierta por alambre de púas; como experto me deslice sobre ellas sin menospreciar el repentino estirón de la piel de mis piernas o brazos.

Ahora dentro de su fortaleza todo fue sencillo; su cocina abierta tenía cuchillos tan hermosos que si no fuese por mis principios los robaría. Tomé el más grande y continúe la búsqueda; no me sorprendió encontrar un revólver cargado en el cajón de su escritorio. Mis pasos se acercaban a un par de voces que danzaban entre ellas; al parecer una conversación común en la casa; esta vez discutían sobre el grosor del trozo de uno de sus amigos o algo.

Salté en su cuarto y disparé en dirección al pecho del hombre; una segunda munición hubiese sido desperdicio. La mujer recibió una primera puñalada por la cual empezó a sangrar muy profusa; quizá que la empuje a patadas en dirección de la oficina y el revólver tenían algo que ver. Una vez que llegamos utilice su ensangrentada mano para dejar huellas de en el cajón del escritorio y regresar a patadas al cuarto. El cuarto tomó el revólver para marcar sus huellas mientras lo sostenía contra su cabeza y la obligue, con toda mi fuerza, a tirar del gatillo.

Espero sus hijos no se pregunten cuál fue la razón para que sus papás se maten entre ellos.

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