Día 12896 – Caceria

Así como estaba planeado el día de hoy fue mi primera cacería; salí con las botas puestas. El arma colgando de mi hombro era tal que pensé salíamos en búsqueda de dinosaurios; cómo no cazar un ave con municiones de esta magnitud me preguntaba, cuando noté que este no era un viaje de diversión; ellos venían preparados a encontrar su presa y asesinarla.

Sobre nosotros pasó él, aquel hermoso ser para quien palabras no existen capaces de describir su belleza y lo dulce de su cantar; con tan sólo decir el resto de aves también callaron al escuchar su melodía; fue mejor que la más ceremoniosa opera. La letra de su cantar sobrepasó a cualquier quinta sinfonía; tratándose de tan sólo un ave fue difícil apreciar tanto talento y entender el tiempo que debe tomar desarrollarlo.

Una vez honrada la ceremonia de cacería; se disparó un tiro al aire y así empezar a buscar las aves escondidas. Estas temerosas criaturas desaparecen de nuestro alcance para siempre; cada triste regresar a buscarlas y oírlas cantar es absurdo. Creamos un cambio en el balance para que jamás otro humano sea capaz de escuchar aquella dulce melodía; pero quien quita la belleza de adorno que podrá plasmar al estar clavada en alguna pared.

Así que empeñados vamos de matar a cualquier ave a nuestro alcance manteniendo el paso apresurado tras árboles y arbustos; los miraba asombrado, pero qué podía hacer; la cacería continuó dando principio a la persecución de cualquier animal al alcance para así dar por terminada su existencia.

Después de tres disparos fallidos noto como estos asesinos siguen obstinados por matar a mi amigo; escucharlo fue un regalo tan maravilloso que perdería la cordura al verlo desplomarse. Sólo leer las inconfundibles ideas que tuvimos aquellos días que amanecieron con el cantar de este amigo o quizá otro de los más pequeños ruiseñores.

Sin dudarlo analice mi arma y noté su capacidad de almacenamiento de municiones; tenía suficientes para extinguir una especie así que abordé a la que tenía cerca y empecé a disparar; uno pensaría que cazadores profesionales podrían acabar con un novato.

La mayoría recibieron disparos en la cabeza en una batalla que duró un par de horas; quién diría que el cantar de las aves en el transcurso de la cacería fue magnífico. Escuchar una combinación de sonidos capaz de reproducir lo que todas las aves de un gran bosque puedan crear me es imposible imaginar; quisiera tener la oportunidad de volver a experimentar esta masacre dirigida por cantos.

Así que este no sólo es un buen día en el cual aprendí a cazar; este fue uno de los mejores días que un humano podría experimentar. Creo que después de esto podré morir en cualquier instante sin ninguna importancia.

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