Perdiendo Miedo

Después de todas las anécdotas pérdidas en el tiempo finalmente conseguí el valor de plasmar mis experiencias en esta hoja de papel.

Desde muy pequeño desarrollé un peculiar miedo por el sexo opuesto; solía pensar que mi timidez fue heredada siendo tan común esta des-conexión. Los días pasaron a convertirse en años; el contacto humano se volvió un espejismo.

Todos mis intentos por alcanzar aquella inalcanzable meta fueron ofuscados; en búsqueda de algo que pensé perdido emprendí un viaje a descubrir los secretos de tan elusiva presa. Llegué a encontrar caminos inimaginables de tanto intentar nuevas técnica; inútil hasta buscar en el último lugar y así encontrar el gran secreto que siempre estuvo a mi alcance.

Ahí se encontraba el último espejismo; la observé con otros ojos y al parecer mi mirada finalmente desarrolló la capacidad de comunicar. Quién podría imaginar que nuestras almas estaban dispuestas a contar tantas historias sin necesidad de palabras; sentí como su pasos la dirigían en mi dirección cuando en realidad se alejaba.

Todo sucedió tan rápido que pareció otro espejismo; distraído por tanta belleza noto como ella casi tropieza en mí, por así decirlo. Sentí un fuego encenderse por dentro cuando vi sus piernas alejarse; al parecer esta peculiaridad de la especie emprendió la fuga.

Dentro de mí un instinto encendió al cazador; mis pasos recorren sus huellas mientras la mirada estudiaba cada movimiento. El peculiar caminar delata sus intenciones seductoras mientras huye; por otro lado pienso lo improbable de la reciprocidad.

Mientras el latir de una fuerza que sobrepasa al corazón deshace mi razón veo sus seductoras curvas huir; gracias al destino ahora su cuerpo no solo se siente parte del mío sino que está cerca a su aroma. Desde tinieblas un brazo logra sacarme del túnel en el cual me encontraba perdido; su cara conocida le dio tranquilidad y así apagar el fuego.

Instantes después con todo pero las cenizas de lo que árido en mi; me encuentro persiguiendo los rastros perdidos en el viento de su fugar aroma. Tomo las siguientes seis curvas correctas para así verla caminar en mi dirección dentro del laberinto que es la vida; cuando ella nota mi presencia sé que nada de lo sucedido era obra de imaginación.

Sus curvas ahora pronunciadas gracias al danzar de sus caderas; veo segundos congelados cual imágenes a ser guardadas en un álbum. En el instante preciso, mientras nuestros cuerpos cruzan un movimiento repentino tiene su cuerpo frente al mío; siento perder la razón cuando sus ojos me cuentan hasta el más escondido secreto. Aquel fuego logra encenderse con mayor fuerza cuando nuestros cuerpos congelados en el tiempo están a milímetros de cruzar sus órbitas.

De respiración agitada me retiro triunfador de una batalla en la que nada bueno se puede dar.

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